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LA VERDADERA GLOBALIZACIÓN
De vuelta al viejo continente su entrepierna hiede. 1770 y la revolución industrial llenó de meretrices los puertos de las ciudades. Prohibidas, la autoridad las sentaba en la picota luego de ser azotadas. En Europa las ciudades se diferencian por sus normas morales. Mientras la liberal Francia goza del burdel más grande animado en Versalles por el Rey Luis XV con el nombre de “El parque de los ciervos”, los consejos victorianos solicitaban a la madre de la familia inglesa que durante la penetración se mantenga “lo más rÃÂ*gida posible, porque el movimiento corporal podrÃÂ*a ser interpretado como signo de excitación de un optimista esposo”.
En 1860 los burdeles llegan al nuevo mundo. En Nueva York se registran 20 mil putas y tras la guerra civil del ’61 parten al oeste. “La pulga alegre” fue un famoso burdel dirigido por mujeres indeseables en las europas. A Nueva Orleans llegaron delincuentes y putas exiliadas que emprendieron en el rubro.
Mientras el burdel partÃÂ*a a la conquista del far west, en Francia comienza la exquisita y a veces rancia mezcla entre burdel y el espÃÂ*ritu artÃÂ*stico. Se dice que gran parte del arte del siglo XX se escribió en ellos con pintores, escritores, y pensadores que veÃÂ*an morir los dÃÂ*as en sus ámbitos.
El gran Gustave Courbet, autor del censurado y poblado pubis de “El origen del mundo”, retrató a sus putas en las riveras del Sena olvidadas de sÃÂ*. O el deforme parisino Toulouse-Lautrec, tullido que entraba y salÃÂ*a de lupanares pintando putas mirando por la ventana o dormitando. “El ultimo peldaño de la escalera infernal de donde Toulouse sacó sus modelos, espectadoras del lado más oscuro del apetito humano. Ellas viven en ese lado del mundo donde los hombres se abandonan a sus instintos”, escribió Baudelaire.
Fue el burdel de Arles donde acudió Van Gogh con su oreja cortada para regalársela a una puta tras una disputa con Gauguin (versión desmentida posteriormente). También fue en un burdel donde la sÃÂ*filis devoró la conciencia de Viena con Klimt o Freud mirando en el microscopio su propio semen. Las letras también son escenario de amores secretos en presencia de muslos. Gustave Flaubert escribió su “Educación sentimental” en medio de ellos. “Si quieres ver tetas, éste es el lugar, las mujeres se tapan el rostro ruborizadas cuando las miras a los ojos pero te muestran las tetas”, le escribió a un amigo. En Hispanoamérica Vargas Llosa con “La casa verde”; “El lugar sin lÃÂ*mites”, de José Donoso; “Junta cadáveres”, de Juan Carlos Onetti, o “Juana Lucero”, de Augusto D’Halmar, se inspiraron en sus personajes.
ROMPA EL VIDRIO
En sus 148 páginas, “Historia de los burdeles” contiene también la evolución del recinto en los caóticos años de Hitler. Desde el Salón Kitty, donde los nazis eran espiados, a los prostÃÂ*bulos de los campos de concentración instaurados por el nacionalsocialismo.
Hacia el final del texto la autora cita escándalos entre prensa y poder, como el de 1977 cuando un diario sueco destapó una olla con putas de lujo y ministros del gobierno social demócrata de Olof Palme, o el ejemplo francés, donde el Presidente Valery Giscard D’Estaing dejaba sobre el despacho un sobre con la dirección de un burdel y un mensaje que decÃÂ*a “abrir sólo en caso de ataque nuclear”.
En 2005 el British Medical Journal publicó un estudio donde explicaba que la principal razón para asistir a un burdel era “la falta de obligaciones morales”.
Dentro o fuera de la ley los burdeles han mantenido el farol rojo encendido. Mientras la prostitución se debate en todas las sociedades hipermodernas y se lucha contra las enfermedades, el tráfico y la explotación sexual, en el Rasputin de Rusia alguien come sushi en el vientre de una muchacha.
Atentamente
Rz

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